Historia

Es curioso ponerse a pensar en la cantidad de vidas que empujadas por la fuerza del tiempo han tenido que transcurrir para que en éste instante, la realidad que cada persona habita sea palpable, visible y actual, para que nuestro derredor sea tal y como es; como se nos ha enseñado; como se nos fue presentando; como lo hemos recorrido y hecho y visto cambiar hasta convertirse en algo habitual y por lo tanto, menospreciado.

Valiéndome del deseo por conocer, hacer y  agradecer a la historia, en particular de la fotografía, que es mi área de mayor interés y en cierta medida una de esas queridas razones por las que uno siente vida y se emociona, decidí ponerme a investigar y crear esta especie de blog que reúne y tiene en cuenta información y circunstancias de todo aquello que rodeó el desarrollo histórico, que de nuestra mano, la fotografía vivió (y se realizó).

Había corrido la mayor parte del siglo XVIII y en Francia atravesaba su época dorada. La clase media, más influenciada por el pensamiento moderno que nunca, desarrollaba un gusto cada vez más exquisito, más exigente. Ahí vivía Etienne de Silhoutte quien se percataría en el momento de un principio óptico básico útil para dibujar retratos de perfíl. Seguía la linea que formaban las siluetas del objeto que atrapa luz y deja oscuridad. Con lápiz y papel lo dibujaba.

Mucho antes de que se inventara la fotografía, los artistas se ayudaban de una cámara oscura: la luz entraba en una caja o una habitación a oscuras a través de un pequeño orificio y se reflejaba enfrente como una imagen invertida de la escena exterior, la orientación era corregida con un espejo.

Algunos años antes de que esos artistas nacieran y recurrieran a esta innovadora técnica, Johann Heinrich Schulze, un profesor de anatomía que merodeaba por la geografía de Sachsen, Alemania descubrió de alguna manera, accidental, casual,  intencional o quizá jugando, que al mezclar y batir yeso, ácido nítrico y plata se formaba una sustancia que al ser alcanzado por la luz se tornaba negro y generaba, por lo tanto, contrastes de luz y penumbra.

Schulze, a pesar de no continuar con sus transversales experimentos, terminó dejando su estampa al demostrar físicamente que es la luz del sol (la luz en general) y no su calor (el calor) la culpable de hacer posible su grabación en aquel misterioso sedimento nacido de una combinación de elementos que sólo un químico tiene a su derredor.

Tal vez, Johann Zahn (monje veterano compatriota de Schulze) había notado ya este fenómeno y por ésa razón decidiera escribir e ilustrar Oculus Artificialis Teledioptricus Sive Telescopium, donde documenta estudios de la luz, linternas y cámaras oscuras, portátiles, reflex. Sin embargo, la tecnología del momento no estaba al día con sus ideas y faltarían décadas hasta que por fin la física y la química se unieran y conformaran las bases del revolucionario arte.